Acaba de confirmarse algo que venía gestándose en silencio: Mastercard acaba de desembolsar hasta 1.800 millones de dólares para quedarse con BVNK, la infraestructura de stablecoins que procesaba volúmenes de transacción anuales entre 25.000 y 30.000 millones de dólares. Esto no es solo una compra cualquiera, es un movimiento estratégico que refleja cómo los gigantes tradicionales de pagos están reaccionando ante la disrupción de las monedas digitales.



Para entender por qué Mastercard movió ficha así, hay que conocer qué es realmente BVNK. La empresa, fundada en 2021 desde Londres, construyó silenciosamente una red de liquidación de activos cripto que conecta monedas fiduciarias con stablecoins en más de 130 países. Su valuación creció desde 340 millones de dólares en 2022 a 750 millones en diciembre 2024. Los tres fundadores sudafricanos (Jesse Hemson-Struthers en CEO, Donald Jackson en tecnología blockchain y Chris Harmse en estrategia de pagos) armaron algo que funcionaba 24/7 sin fricciones, exactamente lo que el sistema tradicional no puede ofrecer.

Lo interesante es que BVNK casi termina en otro lado. Un gigante del crypto estaba en negociaciones avanzadas para adquirirla por hasta 2.000 millones de dólares, incluso firmó acuerdo de exclusividad. Pero en noviembre pasado, ambas partes cancelaron el trato sin explicaciones públicas. Mastercard no perdió tiempo: completó el reemplazo exacto semanas después. Para una startup con ingresos anuales de 400 millones, el precio de 1.800 millones parece brutal, pero lo que se compró no es rentabilidad actual sino acceso a la próxima generación de liquidación financiera.

Esta es una jugada defensiva, aunque suene ofensiva. Las stablecoins están erosionando la cuota de mercado de los sistemas tradicionales de liquidación transfronteriza. Con velocidades de liquidación instantáneas, costos bajos y operación sin interrupciones, el dólar digital en blockchain está ganando terreno en pagos B2B y remesas. Si las instituciones se acostumbran a transacciones punto a punto en cadena, toda la red centralizada de Mastercard corre riesgo de quedar marginada. La estrategia es clara: si no puedes competir, integras. Mastercard incorporó directamente el ecosistema de BVNK dentro de su red global de monedas fiduciarias. Las stablecoins dejaron de ser competidoras y se convirtieron en complemento obligatorio.

Mastercard no está sola en esto. Toda Wall Street está en carrera frenética por infraestructura cripto. Visa invirtió en BVNK a través de su brazo de capital de riesgo, luego integró sus capacidades de liquidación de stablecoins en Visa Direct. Citigroup también metió dinero. Stripe ya gastó 1.100 millones en adquirir Bridge, otra startup de stablecoins. Mastercard estaba simultáneamente en negociaciones con otra startup de infraestructura cripto, Zerohash, por entre 1.500 y 2.000 millones de dólares. Los gigantes tradicionales de pagos están reconcentrando la liquidez de stablecoins, originalmente descentralizada, dentro de sus propios marcos comerciales y canales regulatorios. Es capital consolidándose. Los mismos actores antiguos siguen controlando la mesa.
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