Acabo de notar algo bastante tenso en las negociaciones nucleares entre EE.UU. e Irán. Parece que Washington propuso una suspensión de 20 años para el enriquecimiento de uranio, pero Irán rechazó y contraofertó con un período mucho más corto, apenas unos pocos años. La brecha entre ambas posiciones es enorme.



Lo interesante es que Estados Unidos también está exigiendo que Irán elimine todo su uranio altamente enriquecido, sugiriendo un proceso de dilución supervisado como alternativa. Pero aquí está el problema: Irán no está dispuesto a ceder tanto control sobre sus reservas de uranio, y eso sigue siendo un obstáculo importante para llegar a un acuerdo.

Mediadores de Pakistán, Egipto y Turquía están metidos en esto intentando salvar las negociaciones antes del 21 de abril, pero la situación se complicó bastante cuando el vicepresidente estadounidense Vance acusó directamente a Irán y anunció que su delegación se retiraba de Islamabad. Eso fue un golpe fuerte a las conversaciones.

Irán creía que estaban cerca de un acuerdo preliminar, pero este movimiento estadounidense elevó las tensiones de manera significativa. Las diferencias sobre el programa nuclear, especialmente en torno al uranio y cómo manejarlo, siguen siendo el punto de fricción central. No se ve una solución fácil a corto plazo.
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