He notado que últimamente las conversaciones sobre estanflación se vuelven cada vez más fuertes en los círculos de inversión. No es casualidad: los mercados realmente están preocupados por las señales contradictorias de la economía.



Esto es lo que está sucediendo: por un lado, la inflación no quiere disminuir, por otro lado, el empleo empieza a debilitarse. La Reserva Federal se encuentra en una situación difícil: si aprietan la política monetaria, corren el riesgo de sofocar el mercado laboral; si lo hacen de manera más suave, la inflación podría descontrolarse. Añadan a esto los riesgos geopolíticos (la situación en Irán genera volatilidad adicional), y el panorama se vuelve completamente confuso.

Los datos económicos que se publicarán esta semana serán críticos. El IPC y el PCE son los principales indicadores que todos observan. Si las cifras resultan superiores a las previsiones, la estanflación dejará de ser solo una amenaza y se convertirá en un escenario real. En ese caso, el dólar podría recibir apoyo, mientras que el oro probablemente comenzará a subir como una protección.

Los informes de las empresas también son importantes. Oracle, por ejemplo, puede dar señales sobre el estado del sector real de la economía. Si los ingresos corporativos empiezan a caer en medio de la estanflación, esto aumentará el pánico.

Por ahora, los mercados están en modo de espera. Todos entienden que se acercan días críticos para tomar decisiones. Personalmente, sigo cada cifra: la estanflación no es una broma para la cartera.
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