En realidad, entiendo el concepto de cadenas modulares de manera bastante simple: para la gente común, la interfaz sigue siendo la misma, solo hay unos clics, firma y la experiencia simplemente es “más rápida / más barata / menos propensa a atascarse”. Lo que realmente cambia es cómo se ocultan los riesgos —separando la ejecución, los datos y la liquidación—, y cuando ocurre un problema, puede ser más difícil entender de un vistazo en qué capa no se puede soportar o en qué segmento se quedan atrapados los activos. Últimamente, no falta quien se queja de que las herramientas de datos en cadena y los sistemas de etiquetas están atrasados y son fáciles de malinterpretar, ¿verdad? Siento que la modularidad amplificará esa ilusión de “todo parece muy claro”: piensas que estás viendo el panorama completo, pero en realidad solo estás viendo la sombra de una capa. De todos modos, mi método habitual para elegir protocolos es primero enfocarme en la lógica de liquidación y en si los colaterales se explican claramente, en lugar de dejarme llevar por una arquitectura bonita que me haga imaginar riesgos que en realidad tengo que detectar por mí mismo.

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