Acabo de leer algo interesante sobre Ignacio Peregrín Schüll, el hermano menor de Belinda. Resulta que hace cinco años intentó meterse en política como candidato a diputado en la CDMX, pero perdió las elecciones. Lo curioso es que mientras trabajaba en la Secretaría de Relaciones Exteriores coordinando programas de cooperación internacional, también era socio de una empresa de limpieza que supuestamente tenía contratos con el gobierno. Eso suena a conflicto de interés bastante obvio, ¿no?



Peregrín Schüll reportó un salario de poco más de 13 mil pesos mensuales en su declaración patrimonial de 2019, pero aquí viene lo raro: en su CV decía tener licenciatura en Derecho, sin embargo no aparece en el registro oficial de profesionistas. La investigación encontró que apenas estaba cursando la carrera en una universidad de Veracruz. Después de perder las elecciones en 2021 con poco más de 51 mil votos (alrededor del 22% de los votos en su distrito), se reunió con Sandra Cuevas, la entonces alcaldesa, en un restaurante para hablar de "propuestas conjuntas". Desde entonces, Ignacio Peregrín ha desaparecido de la escena pública.

No sé ustedes, pero el caso de Peregrín Schüll tiene todos los elementos de una historia política mexicana clásica: promesas, inconsistencias en el CV y reuniones estratégicas después de las derrotas electorales. Bastante típico, ¿verdad?
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