Hace poco me enteré de algo que no sabía: Argentina tiene seis peleadores con contrato en UFC en este momento, y lo más interesante es que dos de ellos son mujeres. No es un número menor si consideramos que hace apenas unos años esto era casi impensable. Sofía Montenegro y Ailín Pérez son las caras visibles de esta nueva generación de luchadoras argentinas que están rompiendo barreras en las artes marciales mixtas a nivel internacional.



Lo que más me llamó la atención es cómo ambas hablan de su carrera. No es solo un deporte para ellas, es una misión. Sofía, apodada La Bruja, pasó por sobrepeso, bullying, inseguridades. Hoy dice algo que te queda dando vueltas: esa persona que era antes con kilos de más fue muy valiente y la trajo hasta donde está. Eso es fortaleza pura. Ella estaba lista para debutar en UFC Fight Night en la Ciudad de México, pero un problema médico la dejó fuera del evento. Aun así, no se queja. Solo vive para entrenar: se levanta a las 7 de la mañana y sale del gimnasio a las 5 de la tarde.

Por su lado, Ailín Pérez, conocida como Fiona, es otro nivel. La mina no se achica ante nadie. En la conferencia de prensa previa a su pelea contra Macy Chiasson, se animó a desafiar a su rival desde la balanza. Luego bailó en el pesaje, gritó por la Argentina, y en el careo no le soltó la mirada a su contrincante a pesar de ser más bajita. Todo esto mientras lleva una racha de cinco victorias consecutivas en UFC y está en el Top 7 del ranking mundial en peso gallo femenino.

Pero lo interesante viene cuando hablan del mensaje que quieren dejar. Ailín es clara: salió de un barrio muy humilde y quiere que las vean así, llegando a donde quiere, que es el cinturón. Si ella pudo, pueden todas. Obvio que es un camino difícil, pero es posible. Su visión es aún más ambiciosa: quiere tener un equipo de mujeres que sean campeonas. Eso va más allá del deporte individual.

Lo que ambas enfatizan es que las artes marciales mixtas les cambió la vida. Para Sofía, la inversión económica es fundamental pero no la ve como gasto, sino como herramienta. Para Ailín, gastó mucha plata en campamentos pero fue una inversión que sumó para llegar a este nivel. Ella misma dijo que si tiene que invertir todo su dinero para ser campeona, lo va a hacer porque le va a quedar en el alma de por vida.

No es casualidad que esto suceda ahora. Hace poco más de una década, solo había una mujer argentina en la élite de las artes marciales mixtas: Silvana Gómez Juárez, La Malvada, quien en 2018 fue la primera en entrar a UFC. Ella abrió la puerta y dejó un legado importante: mostró que las mujeres en MMA no solo aprenden defensa, sino que fortalecen la autoestima y el poder personal.

Ailín menciona algo crucial: cuando ella empezó, solo estaba Silvana y había muy poca información. Ahora ve cada vez más competidoras tanto a nivel profesional como amateur. Su consejo para cualquier chica que piense en entrenar es directo: no lo duden. Recomiendo que entrenen artes marciales mixtas, porque a mí me cambió la vida. Empecé a los 11 años porque me llevaba mi papá, me enamoré de esa modalidad, y mi ambición me llevó a estar acá.

Lo que está pasando en Argentina con las mujeres en las artes marciales mixtas es un movimiento. No es solo sobre ganar peleas, es sobre abrir puertas, sembrar seguridad en otras mujeres, y mostrar que con trabajo, inversión y determinación, cualquiera puede llegar a la élite internacional. Eso es lo que Sofía y Ailín están haciendo cada vez que suben al octágono.
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