Acabo de revisar las propuestas que sacó la Reserva Federal esta semana y, honestamente, es uno de los movimientos más agresivos que hemos visto en años para flexibilizar las restricciones a Wall Street. Estamos hablando de reducir requisitos de capital en hasta un 4,8% para los megabancos. Eso es bastante significativo.



La Fed básicamente anunció planes para adoptar las normas de Basilea III, reformar cómo los bancos evalúan riesgo y modificar ese colchón de capital que se había impuesto tras 2008. El impacto combinado de estas medidas reduciría un 2,4% los requisitos solo en las nuevas reglas, pero si sumas las reformas previas en pruebas de estrés, la reducción total llega al 4,8% para los grandes como JPMorgan Chase, Goldman Sachs, Morgan Stanley, Bank of America y Citigroup.

Lo interesante es que los bancos medianos se benefician aún más, con caídas del 5,2%, y los más pequeños ven reducciones del 7,8%. Claramente, la Fed está incentivando crédito y queriendo que Wall Street recupere participación de mercado frente a los fondos de crédito privado.

Jay Powell justificó esto diciendo que es "práctica saludable" revisar las normas casi dos décadas después de la crisis. Michelle Bowman, la reguladora designada por Trump, respaldó los cambios argumentando que fortalecerían el marco de capital. Pero aquí viene lo interesante: Michael Barr se opuso rotundamente, llamándolas reformas "innecesarias e imprudentes" y advirtiendo que perjudicarían la resiliencia del sistema financiero estadounidense.

Los números son jugosos. Si incluyes las reformas a reglas de apalancamiento del año pasado, el paquete total liberaría unos 117.000 millones de dólares en capital que los bancos tendrían que mantener. Considerando que actualmente tienen 2 billones en requisitos de capital, es un cambio importante.

Lo que va a pasar ahora es predecible: los bancos van a destinar esa capital liberada a más préstamos, recompras de acciones y consolidación del sector. Algunos analistas ya prevén que esto intensifique pedidos de otros mercados para que sus reguladores también flexibilicen. El Banco de Inglaterra y la Unión Europea están observando cómo implementa esto Washington antes de decidir sobre sus propias reformas.

Esta es una victoria clara para los grupos de presión de Wall Street. Las propuestas están sujetas a un período de consulta de 90 días, así que aún hay tiempo para comentarios, pero la dirección está clara. La industria bancaria ya está celebrando esto.
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