He notado que las discusiones sobre la economía estadounidense se están centrando cada vez más en un tema específico: cuánto afectará realmente esta guerra en Irán al crecimiento y a la inflación. ¿Por qué es importante? Porque los datos de inflación en EE. UU. en estos días se han convertido en el factor más crítico para entender qué hará la Reserva Federal.



Partamos de los números que todos están observando. En marzo, el índice de precios al consumidor subió un 3,3% interanual, mientras que la inflación subyacente (excluyendo energía y alimentos) se quedó en el 2,6%. Estos datos de inflación en EE. UU. muestran una situación aún tensa pero en mejora. La cuestión es: con la guerra que impulsa los precios del petróleo al alza, la presión inflacionaria podría revertir esta tendencia positiva.

El precio de la gasolina ya ha subido a 4,10 dólares por galón según AAA. Parece mucho, pero economistas como Joseph Brusuelas de RSM dicen que el verdadero shock llegaría solo si el WTI alcanzara los 125 dólares por barril. Actualmente estamos en 91 dólares, por debajo del pico reciente de 115. Por lo tanto, técnicamente todavía estamos lejos de la "zona roja", pero la incertidumbre sigue siendo altísima.

Aquí surge el punto interesante: a pesar de que la confianza de los consumidores está en mínimos desde los años 50, la gente sigue gastando. En marzo, el gasto mediante tarjetas de crédito y débito creció un 4,3% anual, la mayor subida en tres años. Los gastos en estaciones de servicio aumentaron un 16,5%. Es una contradicción fascinante: los datos oficiales de inflación en EE. UU. y el comportamiento real de los consumidores no coinciden.

Mike Skordeles de Truist Advisory Services me hizo reflexionar cuando dijo que la verdadera problemática es la incertidumbre, más que la guerra en sí. Y tiene razón. La Reserva Federal mantiene una postura de espera, los recortes de tasas se han pospuesto, y las hipotecas siguen pesando. Goldman Sachs ya ha reducido su previsión de crecimiento del PIB al 2%, medio punto porcentual menos que antes.

Sobre los datos de inflación en EE. UU., hay otra cosa que noto: el mercado está dividido en cuanto a las perspectivas futuras. Una encuesta de la Fed de Nueva York prevé expectativas de inflación a un año del 3,4%, mientras que la Universidad de Michigan dice 4,8%. Esta diferencia es significativa porque influye en cómo se posicionan los inversores.

Goldman Sachs prevé que la Fed finalmente procederá con recortes más agresivos en septiembre y diciembre, pero el mercado apuesta a un primer recorte no antes de mediados de 2027. Es una diferencia enorme.

A nivel global, el impacto será aún mayor. Europa y Asia dependen mucho más de la energía de Oriente Medio, por lo que esta situación es aún más crítica para ellos. Las cadenas de suministro ya están bajo presión: el índice de la Fed de Nueva York ha vuelto a máximos desde enero de 2023.

El consenso entre los analistas es que la economía estadounidense desacelerará, pero no colapsará. Sin embargo, todo depende de una variable: la duración del conflicto. Si el alto el fuego se mantiene, la presión inflacionaria debería disminuir gradualmente. Si no, las cosas podrían empeorar significativamente. Por ahora, estamos observando más un shock de precios que de oferta, pero la incertidumbre sigue siendo el verdadero enemigo.
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