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Acabo de revisar lo que pasó en los mercados esta semana y hay bastante movimiento interesante. Resulta que después del colapso de las negociaciones de paz en Medio Oriente el fin de semana, Trump ordenó un bloqueo al transporte marítimo iraní, y eso desató una reacción en cadena que todavía estamos procesando.
Lo primero que saltó fue el precio del petróleo. Los futuros de Brent se fueron a 107 dólares por barril, subiendo un 7,3% en una sola sesión. Desde que comenzó esta tensión geopolítica, el precio del crudo ha acumulado una subida superior al 40%. Eso es bastante significativo considerando que estamos bloqueando alrededor de 2 millones de barriles diarios relacionados con Irán en el Estrecho de Ormuz.
Los mercados accionarios sintieron el impacto de inmediato. Desde Hong Kong hasta Sídney, los principales índices cayeron aproximadamente un 1%. Los futuros del S&P 500 bajaron 0,7% durante la sesión asiática, mientras que en Europa la caída fue más pronunciada, rondando el 1,4%. Los bonos también se movieron, especialmente en Asia, donde el rendimiento del bono japonés a 10 años subió al 2,49%, su nivel más alto en casi tres décadas.
Pero lo que más me llama la atención es cómo está reaccionando el dólar. La moneda estadounidense se fortaleció notablemente mientras el euro cayó cerca de 0,3% a 1,1687 dólares. Esto tiene lógica porque en momentos de incertidumbre geopolítica, el dólar típicamente se aprecia como activo de refugio.
Ahora bien, hay algo más profundo detrás de todo esto. Los analistas empiezan a preocuparse por la inflación. Si los precios del petróleo se mantienen elevados por un tiempo prolongado, eso va a presionar los índices de inflación en todo el mundo. Russell Chesler de VanEck comenta que aunque el mercado no cree que Trump vaya a escalar militarmente más, las preocupaciones inflacionarias están aumentando.
Y aquí es donde se pone interesante para los bancos centrales. Los inversores ahora están apostando a que el Banco Central Europeo y el Banco de Inglaterra podrían mantener o incluso subir las tasas de interés, un cambio radical respecto a las expectativas previas de recortes. Para Japón la situación es más delicada, con operadores esperando alzas a mediano plazo pero moderando las expectativas de movimientos inmediatos debido a la volatilidad actual.
En divisas emergentes, el florín húngaro se disparó alcanzando máximos de varios años frente al dólar y el euro, probablemente por cambios políticos internos en Hungría.
Lo curioso es que la volatilidad general del mercado ha sido relativamente contenida. Muchos precios simplemente regresaron a donde estaban antes del alto el fuego. El sentimiento general sigue siendo que eventualmente habrá alguna solución, aunque nadie sabe cuándo. Lo que está claro es que mientras esta situación se resuelve, el precio del petróleo seguirá siendo un factor clave en las decisiones de política monetaria global, y el dólar probablemente mantendrá presión al alza si la tensión persiste.