Hace unos días vi que otra stablecoin fue señalada por la gente como “a punto de despegarsé del anclaje”, y en el grupo se compartían muchas capturas de pantalla. Mi primera reacción no fue buscar aprovechar la diferencia de precio, sino cerrar el navegador y preparar té… En resumen, que el despegue del anclaje muchas veces no es que la cuenta esté en mal estado primero, sino que la gente se asusta primero, y todos quieren ser los primeros en salir corriendo.



Ya he sufrido una vez la pérdida/ventaja de “no entender y no moverme” (de todos modos, el resultado estuvo bien). La última vez, al revisar un supuesto informe de reservas, solo entendía un montón de términos y sellos, sin tener claro dónde estaban exactamente los fondos ni si se podían canjear de inmediato. Me dio ganas de poner algo en posición para aprovechar la volatilidad, pero al final me contuve. Luego, efectivamente, empezó la fila para redimir, y las tarifas de transferencia en la cadena se dispararon. En ese momento, me alegré: si no entiendes, mejor no buscarte problemas a ti mismo.

Por cierto, también me vino a la mente el reciente alboroto por las comisiones de royalties en NFT, que se parece mucho: todos dicen que lo hacen “por el ecosistema”, pero cuando la liquidez se vuelve escasa, los eslóganes no valen nada, y lo que importa es quién puede salir inmediatamente. La transparencia, en realidad, suele ser molesta en tiempos normales, pero en una crisis es la cuerda de salvación. Así dejamos esto por ahora.
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