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Recientemente he estado reflexionando sobre un problema, cuando ocurre una gran depresión económica, ¿a dónde van realmente ese dinero? Muchas personas piensan que el dinero desaparece de la nada, pero en realidad no es así. La verdadera causa es el exceso de capacidad productiva, el consumo excesivo que impulsa el mercado, y como resultado, las empresas continúan produciendo de manera frenética, cayendo en un ciclo vicioso que finalmente conduce al colapso.
Tomando como ejemplo la Gran Depresión de 1929 a 1933, todo el proceso de la crisis económica se puede dividir en tres etapas, a las que llamo enterrar la mina, pisar la mina y explotar la mina.
Primero, la etapa de enterrar la mina. En ese momento, un país promovía un mercado libre, el gobierno adoptaba una actitud de laissez-faire con las empresas, confiando en que el mercado se autoregularía. ¿Y qué pasó? Las pequeñas empresas cerraron una tras otra, las empresas fuertes monopolizaron el mercado, y la brecha entre ricos y pobres se amplió rápidamente. Los capitalistas solo pensaban en ganar dinero, aumentando la capacidad de producción sin considerar la capacidad de compra de las personas comunes. Por ejemplo, en la industria automotriz, Ford era la líder, con líneas de producción funcionando día y noche para fabricar autos. Aunque bajaron los precios, los pobres aún no podían comprarlos, y los ricos ya estaban saturados, lo que llevó a un exceso de capacidad que se convirtió en una bomba de tiempo.
¿Quién enterró la mina? La primera fue el banco. Otorgaban préstamos para estimular el consumo, permitiendo a la gente comprar autos a plazos. Pero el problema era que quienes tomaban prestado ya no tenían dinero, ¿qué pasaba si no podían pagar? Así, los bancos enterraron la primera mina. La segunda fue la empresa. Los bancos otorgaban préstamos fáciles, aumentando la capacidad de consumo, y las empresas, viendo la oportunidad, expandieron la producción de manera frenética, tanto en manufactura como en bienes raíces, lo que también alimentó el fuego, pero esto agravó aún más el exceso de capacidad, enterrando otra mina. La tercera fue la bolsa de valores. Las empresas crecían rápidamente, los precios de las acciones subían en picada, parecía que todo era próspero, pero solo era una apariencia, otra mina oculta.
Luego llegó el momento de explotar la mina. El jueves 24 de octubre de 1929, un grupo de personas empezó a vender acciones en masa, y desde ese día, la bolsa se desplomó, comenzando así el famoso Jueves Negro. Cuando esta mina explotó, la crisis se desató por completo. Muchas personas perdieron su dinero y no pudieron pagar sus préstamos, los bancos comenzaron a quebrar, las empresas sin dinero tuvieron que cerrar, la capacidad de consumo desapareció, y la agricultura también sufrió; los productos agrícolas no se vendían, y los agricultores preferían tirar leche al río en lugar de bajarla de precio a los pobres. Millones de personas quedaron desempleadas, incluso algunos llegaron a incendiarse intencionadamente para conseguir un trabajo como bombero.
Así fue cómo ocurrió la Gran Depresión. En pocas palabras, fue un ciclo vicioso de exceso de capacidad productiva, expansión desmedida del crédito y estallido de burbujas de activos. Cuando ves un mercado excesivamente próspero, préstamos muy fáciles y una bolsa de valores que sube de manera irracional, generalmente es el preludio de una gran depresión económica. Esta historia nos invita a reflexionar profundamente.