En la hora punta del metro, la gente pega a la gente.


Un amigo accidentalmente rozó a una chica.
La chica le dio un vistazo y le miró con enojo: "¿Solo tienes tres huesos en el cuerpo? ¿Ni uno puede sostenerte?"
El ambiente se quedó en silencio de repente.
El amigo contuvo la respiración durante tres segundos, mirándola en los labios:
"¿Tienes una boca en tu cuerpo, encargada de mantener el equilibrio, verdad?"
Alguien en el vagón se rió en voz alta.
La chica no dijo nada más.
Al llegar a la estación, antes de bajarse, el amigo se volvió y agregó:
"La próxima vez, recuerda, por más huesos que tengas, no se comparan con tu capacidad de encontrar un punto de apoyo."
Las puertas se cerraron.
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