Estos días he visto a alguien compartir un alto APY de un agregador de rendimientos, y la verdad, mi primera reacción no fue “cuánto gano”, sino cuánto ha dado vueltas el dinero y a quién se lo ha entregado. Los agregadores parecen convenientes, pero en realidad están formados por contratos que se superponen; cuando hay muchos contrapartes, es fácil que surja esa sensación de “sin riesgo aparente, pero corrientes subterráneas muy fuertes”: dónde está la línea de liquidación, quién tiene los permisos, si el botón de emergencia puede pausarse con un clic... Estoy acostumbrado a echar un vistazo primero a la procedencia de los fondos y a las direcciones con actividad anormal, incluso si eso significa ganancias más bajas.



Por cierto, ¿no están las cadenas públicas principales en proceso de actualización/mantenimiento? En el grupo empiezan a especular si el ecosistema migrará o no. Yo creo que, en estos momentos, los agregadores son más propensos a cambiar “de ruta” de manera pasiva; lo que ayer era un límite de seguridad, hoy puede haber cambiado. De todos modos, ahora solo me atrevo a probar con pequeñas cantidades; si quiero dormir tranquilo, todavía tengo que entender mejor el camino.
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