Anoche revisé las votaciones de gobernanza en la cadena, y cada vez más parecía una "competencia de delegación de votos".


Mucha gente entrega su voto a unos pocos rostros conocidos, con razones muy prácticas: ahorrar tiempo, tener miedo de equivocarse, total, con mis fichas no puedo cambiar mucho.
El resultado es que, en teoría, todos tienen participación en los tokens de gobernanza, pero en la práctica, quienes toman las decisiones parecen cada vez más oligarquías; por más que las propuestas sean bonitas, al final, quien tenga más votos (o quien tenga los votos delegados en su poder) manda.

Recientemente, las peleas sobre las regalías de NFT también tenían un sabor similar: los creadores dicen que quieren ingresos, el mercado dice que quiere liquidez, y en realidad en la mesa de negociaciones están plataformas, proyectos principales y grandes inversores peleando, mientras que las personas comunes solo son las que reciben notificaciones de "votación" o "actualización de reglas".
En pocas palabras, muchas veces la gobernanza no trata tanto de la "comunidad", sino de la mente — hacerte sentir que participas, pero en realidad solo estás entregando el poder de manera más conveniente.

Ahora mismo estoy muy inseguro: si puedo votar yo mismo, voto; si no entiendo, no voto; al menos, no delego ciegamente en grandes cuentas como si fuera un gestor pasivo.
Lo que he aprendido no son trucos, sino que: en la gobernanza, primero hay que ver cómo se concentra el poder, y luego decidir si quieres ser ese acelerador que facilita las cosas.
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