Mi primo ha ahorrado durante dos años, y finalmente tiene ochenta mil en su cuenta.


Él ya lo tiene planeado: juntar cien mil para fin de año y arreglar el techo de la casa familiar.
Pero la semana pasada, su amigo cercano compró un BMW de segunda mano y gastó sesenta y ocho mil.
El primo preguntó: ¿De dónde sacaste tanto dinero?
El amigo respondió: Usé la tarjeta de crédito, y lo pagué en 24 cuotas.
El primo preguntó: ¿Y qué vas a hacer para pagar cada mes?
El amigo le abrazó el hombro y sonrió: ¿No tienes ahorros? Préstame unos meses para la circulación, y cuando tenga más dinero te lo devolveré.
El primo quedó atónito en ese momento.
Lo más sorprendente fue que el amigo añadió enseguida:
“No te preocupes, compré un coche, ¿verdad? Para llevarte a salir, el combustible corre por mi cuenta.”
Hasta ahora, el primo todavía no sabe cómo rechazar.
Le pregunté si al final le prestó dinero.
Él dijo que no, pero invitó al amigo a comer una barbacoa, y gastó cuatrocientos.
Porque el amigo lo llevó en coche.
¿Y tú qué dices que es esto?
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