¿Alguna vez te has preguntado cómo alguien pasa de ganar $40 a la semana como conserje a construir un patrimonio neto de $600 millones? La historia de Tony Robbins es en realidad bastante interesante porque no se trató solo de trabajar más duro, sino de trabajar más inteligentemente en sí mismo.



Así que aquí está la cosa: Robbins no siguió el camino tradicional. Sin título universitario, empezó desde abajo. Pero todo cambió cuando descubrió a Jim Rohn, un orador motivacional que cambió por completo su forma de pensar sobre el desarrollo personal. Robbins ha hablado de cómo asistir a uno de los seminarios de Jim a los 17 años fue un punto de inflexión. La lección principal que quedó con él fue: si quieres que las cosas cambien, primero tienes que cambiar tú. Tienes que trabajar más en ti mismo que en cualquier otra cosa.

Esa mentalidad se convirtió en la base de todo lo que Robbins construyó después. Pasó de seminarios a infomerciales en los años 80, luego a libros superventas, emprendimientos, incluso un resort en Fiji. Hoy en día está involucrado en más de 100 negocios privados que generan más de $7 mil millones anualmente. Es bastante increíble cuando lo piensas.

Pero más allá de tener el mentor adecuado, hay otra pieza crítica en su enfoque de construcción de riqueza: establecer metas. Y no cualquier meta—Robbins es muy enfocado en lo que llama metas SMART. Específicas, medibles, alcanzables, realistas y con un marco de tiempo. La idea es que las metas vagas te mantienen estancado, pero los objetivos claros realmente te dirigen hacia resultados reales.

Es conocido por decir que el progreso equivale a la felicidad, y eso tiene sentido. Cuando sabes exactamente qué buscas y lo divides en pasos manejables, el impulso se construye de forma natural. Comienza con poco, revisa regularmente, no dejes que el miedo te paralice.

La historia de la riqueza neta de Tony Robbins no se trata realmente de suerte, sino de tener a alguien que le mostró una mejor forma de pensar, y luego ser lo suficientemente disciplinado para establecer metas reales y alcanzarlas. Esa combinación de mentoría más una fijación intencional de metas parece ser lo que lo separó del resto.
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