Al terminar de ver WAIC, sentí que ahora el sector de la IA es como un enorme campo de batalla tipo “Shura”.
Lo bueno es que han movilizado capital popular, el Estado no ha gastado mucho dinero mal empleado, pero el trabajo sí se hizo.
Hay tantas pymes que parecen pelo de vaca; aunque más de la mitad muera, el talento se ha forjado a base de pulido.
Lo más brutal está en que convertimos la IA en infraestructura de exportación.
Ahora, cosas como componentes electrónicos y módulos ópticos, los compradores extranjeros tienen que hacer fila para comprarlos.
Pero también hay que decir algo que no me termina de gustar.
El panorama de robots ahora es demasiado único: todo son perfiles de “actuación”.
La gente va al stand a mirar: bailan, sirven café… pero esto no da dinero.
Un robot de servicio se vende por cientos de miles; vas a una provincia del centro a contratar gente, pagas 30 mil o 40 mil al mes, y así pueden trabajar diez años.
Y tú, en vez de pensar en sustituir industrias de alto riesgo, te dedicas a morder al “NPC” de base: ¿no te estás estrechando el camino?
En lugares donde de verdad se necesitan robots, como trabajos en altura o rescate ante inundaciones y desastres, no he visto ni un producto decente.
En el fondo, es que los emprendedores están demasiado homogeneizados: solo saben copiar y pegar.
En los próximos dos años, el “burbujazo” seguramente reventará.
Pero eso no necesariamente es malo.
Allá en Estados Unidos el burbujeo de la IA es mucho más grande; aquí, lo que se pierde son los ricos y las instituciones que estaban apostando fuerte.
Cuando se queme todo este dinero caliente, lo que de verdad queda como tesoro son el equipo ya depreciado y los programadores excelentes.
Lo bueno es que han movilizado capital popular, el Estado no ha gastado mucho dinero mal empleado, pero el trabajo sí se hizo.
Hay tantas pymes que parecen pelo de vaca; aunque más de la mitad muera, el talento se ha forjado a base de pulido.
Lo más brutal está en que convertimos la IA en infraestructura de exportación.
Ahora, cosas como componentes electrónicos y módulos ópticos, los compradores extranjeros tienen que hacer fila para comprarlos.
Pero también hay que decir algo que no me termina de gustar.
El panorama de robots ahora es demasiado único: todo son perfiles de “actuación”.
La gente va al stand a mirar: bailan, sirven café… pero esto no da dinero.
Un robot de servicio se vende por cientos de miles; vas a una provincia del centro a contratar gente, pagas 30 mil o 40 mil al mes, y así pueden trabajar diez años.
Y tú, en vez de pensar en sustituir industrias de alto riesgo, te dedicas a morder al “NPC” de base: ¿no te estás estrechando el camino?
En lugares donde de verdad se necesitan robots, como trabajos en altura o rescate ante inundaciones y desastres, no he visto ni un producto decente.
En el fondo, es que los emprendedores están demasiado homogeneizados: solo saben copiar y pegar.
En los próximos dos años, el “burbujazo” seguramente reventará.
Pero eso no necesariamente es malo.
Allá en Estados Unidos el burbujeo de la IA es mucho más grande; aquí, lo que se pierde son los ricos y las instituciones que estaban apostando fuerte.
Cuando se queme todo este dinero caliente, lo que de verdad queda como tesoro son el equipo ya depreciado y los programadores excelentes.



