Un peligro real en la sociedad no es que haya cada vez más personas malas, sino que a través del diseño del sistema, se haga pagar a quienes dicen la verdad, se garantice la seguridad a quienes permanecen en silencio y se recompense a los especuladores. Cuando un sistema hace que el bien perdure costos a largo plazo y que el silencio obtenga beneficios, lo que produce ya no son ciudadanos, sino supervivientes; ya no fomenta la responsabilidad, sino el cálculo; ya no incentiva la creación de valor, sino la búsqueda de vulnerabilidades. Al final, lo que corroe la sociedad nunca son unos pocos malvados, sino un mecanismo de incentivos distorsionado.

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