La reciente volatilidad en los mercados mundiales de bonos está llevando a los inversores a niveles a los que no estaban acostumbrados desde hace mucho tiempo. El rendimiento de los bonos del Tesoro de Estados Unidos a 30 años subió al 5,33%, poniendo a prueba su nivel más alto desde 2007. El rendimiento de los bonos soberanos de Japón a 10 años alcanzó el 2,93%, su nivel más alto desde septiembre de 1996. En Europa prevalece una situación similar: el rendimiento de los bonos alemanes a 30 años ha alcanzado su nivel más alto desde 2011, y el de los bonos franceses, desde 2008.
Diferentes países, diferentes bancos centrales y diferentes estructuras económicas se están moviendo en la misma dirección. La principal razón detrás de este denominador común son las preocupaciones presupuestarias.
Se espera que el déficit presupuestario de Estados Unidos alcance los 1,9 billones de dólares este año. Esta cifra equivale al 5,8% de la renta nacional, mientras que el promedio de los últimos 50 años fue del 3,8%. Los pagos de intereses por sí solos han superado los 1 billones de dólares este año, convirtiéndose en la tercera partida más grande del presupuesto estadounidense. Esta situación está aumentando la sensibilidad del mercado ante la oferta de bonos a largo plazo.
La situación es aún más crítica en Japón. El presupuesto de 2026 se ha anunciado en 122,3 billones de yenes, con 31,3 billones de yenes destinados al servicio de la deuda. Esto representa un aumento del 10,8% con respecto al año anterior. Cabe destacar que este presupuesto se preparó con una hipótesis de tipos de interés del 3%. Actualmente, el mercado está poniendo a prueba precisamente esta hipótesis. Además, están sobre la mesa las costosas políticas de la primera ministra Takaichi, como un programa de inversión de 370 billones de yenes y una reducción de los impuestos al consumo sobre los alimentos.
Entonces, ¿por qué son tan importantes a escala mundial los acontecimientos del mercado de bonos japonés? Durante más de 30 años, Japón fue la fuente mundial de dinero barato. Los inversores tomaban préstamos en Tokio a tipos de interés cercanos a cero y transferían los fondos a los mercados de Estados Unidos y Europa. Este mecanismo, conocido como carry trade, está comenzando a invertirse a medida que suben los tipos de interés en Japón. Los inversores institucionales japoneses son reacios a mantener activos de riesgo en un entorno en el que pueden obtener un rendimiento del 2,9% con sus propios bonos soberanos.
Esta dinámica está provocando que las subidas de tipos de interés en Tokio se trasladen directamente a los mercados de Nueva York. Ayer, el índice Nikkei cayó 1.759 puntos, perdiendo un 2,54%, mientras que los datos de crecimiento de Japón en el segundo trimestre fueron del 1,1% interanual, muy por debajo de las expectativas (2,0%). El consumo se mantuvo estable, mientras que la inversión empresarial cayó un 1,2%. El aumento de los tipos de interés mientras la economía se desacelera es una combinación que ningún Gobierno quiere ver.
A esta situación se suma la evolución de los precios del petróleo. El crudo Brent cotiza en torno a 89 dólares, y todavía no se vislumbra una solución diplomática entre Estados Unidos e Irán. Este aumento de los precios del petróleo está provocando que la inflación siga siendo persistente. Mientras persista la inflación, a los bancos centrales les resultará más difícil recortar los tipos de interés. Aunque actualmente el tipo oficial de Estados Unidos se encuentra en el rango del 3,50-3,75%, el mercado está debatiendo ahora una posible subida de tipos en septiembre, en lugar de un recorte, y esta posibilidad está descontada en alrededor de un tercio.
El oro se mantiene estable en 4.398 dólares, mientras que el índice del dólar se sitúa en 99,5. Esto indica que los inversores están trasladando cada vez más su confianza de los bonos soberanos a los metales.
El foco del mercado ya no está en lo que harán los bancos centrales, sino en quién financiará la creciente carga de deuda de los Gobiernos. El calendario clave que se avecina es el siguiente: la reunión de Jackson Hole del 27 al 29 de agosto, en la que el nuevo presidente de la Fed, Kevin Warsh, pronunciará su primer discurso importante la mañana del 28 de agosto. La decisión del FOMC se anunciará el 16 de septiembre.
Para los usuarios de Gate, este panorama macroeconómico tiene dos implicaciones importantes. En primer lugar, el aumento de los tipos de interés a largo plazo y la turbulencia en el mercado de bonos podrían endurecer las condiciones financieras tradicionales, ejerciendo presión sobre las criptomonedas, una clase de activos de riesgo. En segundo lugar, y quizás más importante, el desmantelamiento del carry trade en Japón podría afectar directamente a la liquidez mundial, aumentando la volatilidad del mercado. Por lo tanto, en los próximos días será crucial seguir no solo los movimientos del precio de Bitcoin, sino también los del rendimiento de los bonos del Tesoro de Estados Unidos a 10 años, el índice del dólar y, especialmente, el yen japonés, para comprender el impacto de un posible entorno de aversión al riesgo sobre los criptoactivos.
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