El mundo parece detenerse al atardecer, cuando el cielo se viste con un ardiente color naranja. En la esquina de un pequeño café, el aroma del café negro se mezcla con el olor a tierra húmeda de la lluvia de esta tarde. Él se sienta inmóvil, mirando la ventana empañada, intentando recordar los recuerdos que comienzan a desvanecerse con el paso del tiempo. Los pasos apresurados de las personas afuera se oyen, corriendo hacia sus hogares o simplemente buscando protección del frío que penetra hasta los huesos. Sin embargo, para él, el tiempo es solo una serie de segundos sin fin. En un largo sile
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