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Las bolsas de Asia-Pacífico sufren una fuerte liquidación: qué está provocando la caída, hasta dónde ha llegado y de dónde podría venir la estabilidad

Los mercados bursátiles de Asia-Pacífico han iniciado una de las liquidaciones más bruscas de las últimas semanas. El viernes 6 de noviembre de 2026, la región abrió con fuertes pérdidas, y el movimiento fue mucho mayor que las caídas registradas en las sesiones del 4 y 5 de noviembre. El Nikkei 225 de Japón y el KOSPI de Corea del Sur encabezaron el descenso, y las acciones vinculadas a los chips y la IA fueron las más castigadas. Taiwán, Singapur y China continental también retrocedieron, mientras que Hong Kong resistió mejor. Las cifras que aparecen a continuación proceden de informes publicados en distintos momentos de la sesión y pueden no coincidir exactamente; además, podrían cambiar a medida que se muevan los mercados.

Lo más importante para los lectores es que no se trata de un único mal día aislado. Es el último episodio de una serie de caídas impulsadas por la IA que comenzó en octubre. A finales de octubre, las acciones asiáticas retrocedieron cuando una ola de ventas de chips se extendió desde Wall Street; el KOSDAQ de Corea del Sur cayó un 3,5% en una sesión. En el mes previo a principios de noviembre, el Nikkei 225 ya había bajado más de un 6% y el KOSPI había caído más de un 16%, según informó Associated Press. Por tanto, esta ola es una continuación de una tendencia ya existente, y eso importa a la hora de evaluar cuánto podría durar la debilidad.

El detonante inmediato llegó de Estados Unidos. El jueves 5 de noviembre, el Nasdaq Composite cayó un 5,52% y cerró en 24,315.00. Con ello, el índice entró en territorio de corrección, más de un 10% por debajo del récord que alcanzó el mes pasado. El S&P 500 bajó un 4,36%, hasta 7,353.73, y el Dow Jones Industrial Average perdió 1,833.06 puntos, o un 3,44%, para cerrar en 51,523.06. Las pérdidas se concentraron en los semiconductores y el sector tecnológico, por lo que los fabricantes asiáticos de chips iniciaron la jornada siguiente bajo una intensa presión vendedora.

El segundo factor es la política. Los demócratas obtuvieron el control del Congreso de Estados Unidos, e inquietó a los inversores la posibilidad de que un Congreso liderado por los demócratas impulsara una regulación más estricta de la industria de la inteligencia artificial. La regulación de la IA afectaría a las grandes empresas tecnológicas, cuyo gasto de capital impulsa la demanda de fabricantes asiáticos de chips y proveedores de equipos. A los mercados también les preocupó que un nuevo Congreso pudiera complicar la agenda política general y las perspectivas fiscales en Washington. Por tanto, la reacción política no se limitó a un solo sector, sino que también abarcó el entorno político más amplio que los inversores deben incorporar a los precios.

El tercer factor es el propio debate sobre la inversión en IA. A finales de octubre, Meta elevó su previsión de gastos de capital, lo que reavivó la preocupación por cuánto están gastando las mayores empresas tecnológicas en infraestructura de IA y con qué rapidez ese gasto generará beneficios. Los inversores se preguntan si el ciclo de inversión puede producir rendimientos que justifiquen las valoraciones. Cuando esa cuestión se vuelve más incierta, las acciones que más se benefician directamente del gasto en IA, incluidas las de fabricantes de memorias y equipos para semiconductores, suelen ser las más castigadas. Ese patrón ha sido evidente en Corea, Japón y Taiwán.

El mercado japonés tiene sus propios puntos débiles. El viernes, el Nikkei 225 abrió con fuertes pérdidas y, según informó Upstox, cotizaba un 5,7% a la baja, en 57,579 puntos, a las 11:18 JST, tras haber caído hasta un 5,95% durante la sesión. Una cifra de cierre distinta, publicada por ScanX, situó el índice en 57,621.27, con una caída del 5,66%, equivalente a 3,456.63 puntos. Otro informe señaló una caída de alrededor del 5,86% en la apertura. Sea cual sea la cifra que se utilice, el descenso empujó al Nikkei a un mercado bajista técnico, que suele definirse como una caída del 20% o más desde un máximo reciente. Los datos nacionales añadieron presión. El índice de gestores de compras del sector manufacturero de Japón fue de 53,3 en octubre, frente a 54,1 en septiembre; aunque todavía señala expansión, lo hace a un ritmo más lento.

Corea del Sur fue el mercado más castigado de la región. El KOSPI llegó a caer un 8,7%, hasta un mínimo intradía de 4,911.28 puntos, frente al cierre anterior de 5,383.80. Al principio de la sesión, el índice bajó alrededor de un 8,55% y activó un interruptor automático, que suspende temporalmente la negociación para frenar una liquidación desordenada. Samsung Electronics y SK Hynix perdieron cada una más de un 9% en la apertura. Más tarde, el KOSPI recuperó parte de sus pérdidas y cotizaba alrededor de un 5% a la baja, en 5,114.42, según informó Upstox. Incluso tras esa recuperación parcial, la caída porcentual fue una de las más pronunciadas entre los principales índices asiáticos, y pone de relieve hasta qué punto se ha concentrado la exposición del mercado a las acciones de memorias y chips.

Taiwán mostró un patrón similar. Los informes de la sesión indicaron que el índice ponderado de Taiwán se desplomó alrededor de un 8% en un momento dado, debido a las fuertes ventas de empresas de semiconductores. Como la economía y el mercado bursátil de Taiwán tienen un gran peso de la fabricación de chips, el índice se mueve estrechamente en línea con la demanda mundial de semiconductores avanzados. Esta es una de las razones por las que la liquidación de chips en Corea y Taiwán ha sido tan intensa. Los inversores no solo están reduciendo su exposición a empresas concretas, sino también el peso total de un sector que ha subido con fuerza ante la expectativa de que la demanda de IA continúe.

China continental y Hong Kong registraron movimientos menos drásticos. Se informó que el Shanghai Composite bajó alrededor de un 1,1%, hasta 3,649.47 puntos, mientras que el Hang Seng cayó cerca de un 0,6%, hasta unos 24,649 puntos, según uno de los informes. Otro informe situó al Hang Seng alrededor de un 0,47% a la baja, en 24,681.23. Las dos cifras difieren, por lo que conviene consultar una cotización en tiempo real del Hang Seng antes de basarse en ella. Aun así, la dirección coincide en todas las fuentes: Hong Kong cayó, pero mucho menos que Japón, Corea o Taiwán. Su resistencia relativa refleja la distinta composición sectorial del mercado hongkonés, que incluye empresas financieras, inmobiliarias y de internet menos vinculadas directamente al ciclo mundial de los chips.

Singapur y el resto de la región también mostraron debilidad. Se informó que el Straits Times Index bajó alrededor de un 2,2%, hasta cerca de 5,180 puntos, y que el MSCI Asia Pacific Index cayó aproximadamente un 2,9% al inicio de la sesión. El índice MSCI es una referencia general útil porque reúne muchos mercados; por eso, una caída cercana al 3% en una sola sesión indica que la liquidación se ha extendido mucho más allá de unas pocas acciones. Los informes utilizados para esta sesión no cubrieron el S&P/ASX 200 de Australia, por lo que no puedo confirmar su variación del viernes. Los lectores deberían consultar directamente la ASX antes de sacar conclusiones sobre Australia.

También es importante tener en cuenta el contexto económico general. En Asia, varios indicadores han ofrecido señales mixtas. China informó que la actividad fabril volvió a contraerse en octubre, al desacelerarse la economía, lo que pesa sobre las expectativas de demanda regional. El PMI manufacturero de Japón se mantuvo por encima de 50, pero bajó. Mientras tanto, las perspectivas de política económica de Estados Unidos son inciertas debido al resultado de las elecciones de mitad de mandato, el debate fiscal y la trayectoria de los tipos de interés de la Reserva Federal. Los tipos altos durante más tiempo suelen perjudicar a las acciones de crecimiento con valoraciones elevadas, y muchas de las acciones asiáticas que más están cayendo pertenecen precisamente a esa categoría.

En cuanto a otras clases de activos, el oro ha mostrado volatilidad. A finales de octubre, el oro cayó por debajo de $4,000 la onza por primera vez desde julio, lo que demuestra que ni siquiera los activos refugio tradicionales son inmunes cuando los inversores necesitan conseguir efectivo. El petróleo también ha registrado movimientos: se mantuvo cerca de máximos recientes en octubre antes de caer en algunas sesiones. Bitcoin y otros criptoactivos, por lo general, se han movido junto con el Nasdaq y el sector de chips durante estos episodios de aversión al riesgo, por lo que es razonable esperar una mayor volatilidad en los activos digitales mientras continúe la liquidación tecnológica. Los operadores de criptomonedas deberían vigilar el Nasdaq y las acciones de semiconductores como indicadores adelantados.

La pregunta a la que más quieren respuesta los inversores es cuándo se estabilizará la caída. En mi opinión, la región todavía no ha tocado fondo de forma clara, pero eso no significa que nuevas caídas sean inevitables. Para que la tendencia pudiera cambiar, tendrían que darse varias condiciones. Primero, las ventas en el sector de chips tendrían que moderarse, y acciones de memorias y equipos como SK Hynix, Samsung Electronics, Tokyo Electron y Advantest tendrían que dejar de marcar nuevos mínimos. Segundo, el Nasdaq tendría que estabilizarse por encima de los niveles de la zona de corrección que alcanzó el 5 de noviembre. Tercero, las perspectivas de la Reserva Federal tendrían que aclararse tras los próximos informes de empleo e inflación de Estados Unidos. Si esos informes muestran cifras moderadas, la presión sobre las tecnológicas asiáticas de alta valoración podría aliviarse rápidamente. Si son elevados, la liquidación podría prolongarse.

No debe interpretarse un solo rebote como confirmación de que se ha tocado fondo. Históricamente, las fuertes caídas en los mercados asiáticos suelen ir seguidas de rebotes que luego fracasan, especialmente cuando los factores subyacentes siguen sin resolverse. Una señal más fiable de estabilización sería una sucesión de mínimos más altos en las acciones de chips, la recuperación del MSCI Asia Pacific Index por encima de su mínimo reciente y un periodo estable en el que el Nikkei y el KOSPI dejen de registrar grandes oscilaciones diarias en la misma dirección. Los operadores también deberían vigilar si el KOSPI logra mantenerse en la zona de 4,900 a 5,100 tras su mínimo intradía y si el Nikkei puede estabilizarse cerca del nivel de 57,000 puntos.

En cuanto a hasta dónde podrían moverse los precios en términos porcentuales, no puedo ofrecer un objetivo fiable, y cualquier cifra concreta debería considerarse un escenario, no una previsión. Las sesiones recientes han mostrado movimientos diarios del 5% al 9% en el KOSPI y el Nikkei, y la caída anterior de alrededor del 16% del KOSPI en un solo mes demuestra que son posibles movimientos mayores. A la luz de ese historial, no sería sorprendente que hubiera varias sesiones volátiles más antes de que las condiciones se estabilicen. En un escenario más optimista, la estabilización de las acciones de chips y un dato favorable de inflación en Estados Unidos podrían dar lugar a repuntes de alivio de varios puntos porcentuales. En uno más pesimista, una cifra elevada de inflación y una noticia sobre la regulación de la IA podrían llevar al Nikkei y al KOSPI a nuevos mínimos, con nuevas caídas diarias de un solo dígito alto en las acciones de chips más expuestas.

Para los inversores y operadores, las implicaciones prácticas son bastante claras. Las posiciones concentradas en acciones de semiconductores y memorias son las que más riesgo conllevan en este entorno, porque son las que más han caído y sus movimientos son los más volátiles. Los inversores que no puedan tolerar grandes oscilaciones podrían reducir su exposición a las acciones de chips más apalancadas, diversificar entre sectores y regiones, y fijar con antelación reglas claras para los límites de pérdidas o el reequilibrio. Reaccionar a cada titular suele llevar a tomar malas decisiones, sobre todo durante las sesiones en que se activan interruptores automáticos, cuando los precios pueden moverse rápidamente en ambas direcciones. Los activos defensivos, como el oro, podrían ofrecer cierto apoyo relativo, pero no garantizan protección, como demostró el movimiento de finales de octubre.

En mi opinión, esta liquidación refleja más un reajuste de las valoraciones de las tecnológicas asiáticas vinculadas a la IA que un colapso de la economía regional en su conjunto. Hong Kong y algunas partes del Sudeste Asiático han mostrado una resistencia relativa, y el mercado chino no ha sufrido las mismas pérdidas diarias extremas que Corea y Japón. Esto sugiere que, por ahora, el daño está concentrado y no es sistémico. Sin embargo, la apuesta por la IA estaba muy saturada, y las posiciones abarrotadas pueden deshacerse rápidamente cuando cambia el sentimiento. Un mercado concentrado puede caer más rápido de lo que sugeriría la economía subyacente, por lo que conviene tomar en serio el ritmo de esta liquidación, incluso si las perspectivas a largo plazo para la región siguen siendo favorables.
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