在 la historia de China, el medio de lucha más común ha sido primero pegarle al oponente una etiqueta moral. Se empaqueta a uno mismo como un caballero (gente buena) y se moldea al otro como un villano (gente mala). En cuanto al otro se le define como “inmoral”, entonces el ataque contra él deja de considerarse una disputa de intereses y pasa a presentarse como la defensa de la justicia. Así, la competencia política puede evolucionar fácilmente hasta convertirse en un juicio moral; al final, lo que se busca no es hallar la respuesta correcta, sino obtener el reconocimiento de la autoridad más alta y derrotar por completo al adversario. Este es también el tipo de panorama que el centro del poder más desea ver.

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