Muchos a la gente le gusta presumir su vida; en realidad, no están mostrando la vida, sino la necesidad de reconocimiento por parte del mundo exterior. La casa, el coche, la formación académica, los viajes, los círculos sociales: aunque en apariencia estén exhibiendo lo que tienen, por detrás muchas veces lo que buscan es demostrar su propio valor. Pero la exhibición en sí no tiene nada de malo, porque la sociedad es, en esencia, un sistema de intercambio de señales. La exhibición verdaderamente valiosa es aquella que sirve para que los demás vean tu capacidad, tus logros y tu valor, y así obtener recursos, oportunidades y colaboración; en cambio, una exhibición solo para conseguir envidia y reconocimiento, en esencia, está entregando tu valor a que otros lo definan. La diferencia no está en qué presumes, sino en si estás usando la exhibición para crear valor, o si dependes de la exhibición para buscar valor.

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