Los seres humanos tienen un impulso interno para construir un sistema de autoestima. Cuando faltan criterios objetivos y claros, tendemos instintivamente a confirmar nuestro valor mediante comparaciones externas. Pero el problema es que, en la vida, los ámbitos que realmente importan a menudo no tienen una respuesta única, y las normas externas solo pueden ofrecer medidas simples, sin poder definir el valor real de una persona. Depender durante mucho tiempo de la valoración ajena hace que sea fácil caer en un ciclo de comparaciones y ansiedad. El proceso de madurez real consiste en pasar gradualmente de buscar estándares hacia afuera a construirlos hacia adentro. El valor de una persona no debería definirse por cosas que otros poseen, sino por su crecimiento después de vivir experiencias, los resultados tras tomar decisiones y si, en el camino, llega a convertirse en una mejor versión de sí mismo. En última instancia, la persona necesita completar la transición de “cómo me evalúan los demás” a “si yo mismo me apruebo y me reconozco”. Porque solo al construir un sistema de valoración propio se puede alcanzar una fuerza interior verdaderamente estable.

Ver original
Esta página puede contener contenido de terceros, que se proporciona únicamente con fines informativos (sin garantías ni declaraciones) y no debe considerarse como un respaldo por parte de Gate a las opiniones expresadas ni como asesoramiento financiero o profesional. Consulte el Descargo de responsabilidad para obtener más detalles.
  • Recompensa
  • Comentar
  • Republicar
  • Compartir
Comentar
Añadir un comentario
Añadir un comentario
Sin comentarios
  • Fijado