Acabo de revisar varias veces registros on-chain de fragmentación de NFTs, y cada vez me parece más sutil eso de la “ordenación”. Alguien entra al Mempool y la transacción se adelanta por el deslizamiento; alguien, en cambio, se queda quieto y mira cómo las comisiones se disparan. **¿De verdad a quién le afecta el “insertarse en la fila” en la cadena?** O es un gran jugador o un bot, o los que estamos en medio, como nosotros. La verdad, siempre he sentido que MEV es una espada de doble filo: hace que la cadena sea más transparente, pero **transparencia no significa justicia**. ¿No se hablaba recientemente de que el sistema de etiquetas de datos on-chain era cuestionado por “retrasarse” e incluso “llevar a error”? La cosa tiene gracia: cuanto más te apoyas en el “orden que puedes ver”, más fácil es que te manejen con esos “cuñas” invisibles.



Deja, hablemos claro. Es que al ver estos registros de transacciones me deja una sensación: la tecnología on-chain por fuera es dura, pero por dentro todo es una guerra de personas. En cualquier caso, ahora estoy bastante alerta con la “ordenación por defecto” de los protocolos. Pero cambiando el ángulo, precisamente porque estas “reglas pueden voltearse”, la financearización de los NFTs tiene un poco de gracia: **entre la estructura y la historia es donde hay espacio para que te diviertas**.
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