Puntos clave:


Antiguamente, cuando los antiguos contraían una enfermedad parasitaria, casi no había forma de solucionarlo. Los parásitos no son como las bacterias o los virus: a diferencia de estos, con parásitos “un poco más grandes”, el sistema inmunitario del cuerpo no puede hacerles frente de manera fundamental; básicamente no puede curarlo por sí solo. Salvo que, por suerte, encuentren algún medicamento verdaderamente eficaz, en lo esencial tendrían que pasar el resto de su vida sufriendo.
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