Ahora, cuando miro los proyectos PFP, mi primera reacción ya no es “¿se ve bien esta imagen?”, sino “¿cuánto tiempo puede aguantar este equipo?”. Tanto las membresías como la potenciación de marca, al final, no son más que un vale de comida a largo plazo, pero la mayoría de proyectos ni siquiera llega a emitir una segunda tarjeta antes de que se acaben jugando el juego por sí solos. Total, desde que recientemente hubo robos en puentes entre cadenas y fallos en oráculos, todos esperan “confirmaciones”, pero en el proceso de esperar, muchos proyectos ya entran en pánico por su cuenta: ¿cómo iban a tener ánimos para preocuparse por los sentimientos de los tenedores?



Dicho sin rodeos: muchas “marcas” supuestamente grandes son solo un asalto de atención. Les prestas atención, te esquilman y luego cambian a otro guion. Yo he visto que los que de verdad logran quedarse son, curiosamente, aquellos equipos que al principio no hacían demasiado ruido y que iban iterando en silencio, afinando los detalles del gobierno.

En cuanto a lo de “lo que más temo perderme”, en realidad no son las oportunidades, sino esos detalles reales, pequeños y no replicables que se pierden en el proceso de ruido y calor.
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