La IA está volviéndose cada vez más perfecta, pero la razón por la que el ser humano es humano precisamente radica en esas partes ásperas, contradictorias, accidentales y no lógicas. Lo que de verdad conmueve nunca es una respuesta estándar sin defectos, sino la huella única que alguien deja a través de sus experiencias, elecciones y luchas. Quizá lo que se llama “perfección” no sea eliminar todas las imperfecciones, sino esas imperfecciones distintas, poco comunes, que al final conforman la irreemplazabilidad de una persona.

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