Recientemente he revisado algunos informes sobre las reservas de stablecoins y, la verdad, la transparencia de ciertos proyectos es mucho peor de lo que imaginaba. Entre los activos “en papel” y lo que realmente se puede canjear, hay una capa de “rentabilidad” que lo disimula todo. En cuanto el sentimiento del mercado se aprieta un poco, aparece la mentalidad de pánico por los rescates: la circulación de fondos on-chain, en realidad, se ve con mucha claridad; en cuanto se mueve una ballena, los pequeños se mueven detrás. Así, queda claro quién persigue la luz y quién está en la sombra.



Con la reconsolidación —“re-pledging”— pasa algo parecido: básicamente es la misma lógica. Se apilan las ganancias una sobre otra, pero si el activo subyacente llega a fallar, toda la cadena de confianza se desploma al instante. Las estructuras tipo “muñecas rusas” suenan muy bien, pero cuando llega el momento de la liquidación, gana quien corre más rápido. No es que no se deba jugar, sino que antes de montar una posición, conviene tener muy claro qué hay debajo, en lugar de fijarse solo en las altas rentabilidades y olvidar el riesgo.

En fin, para alguien como yo, que observa más que participa, prefiero ver cómo se mueven los datos on-chain, en lugar de escuchar lo que otros gritan.
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