Acabo de ver una transacción atascada en el mempool durante casi 20 minutos; el gas llegó a casi tres cifras antes de que finalmente se metiera. La verdad, en esos momentos más bien termino mirando la lista de pendientes: qué está intentando comprar un gran jugador, quién está cancelando órdenes, es bastante interesante. La congestión on-chain es como un espejo: refleja la ansiedad y el cálculo de cada quien.



La reciente pelea de ida y vuelta sobre las regalías de NFTs también fue así: los creadores dicen que hay que garantizar ingresos, y el mercado secundario insiste en que la liquidez es la fuente de vida. Se discuten sin parar, pero en realidad ambos giran dentro de la lógica de cola del mempool: quien esté dispuesto a pagar más gas, se coloca antes para que su operación se confirme. Es una regla fría, no tiene que ver con la moral.

Hablando de esto, me acordé de una cuenta que había estado siguiendo y que se dedica a escarbar direcciones de grandes tenedores. Analizaba todos los días quién estaba comprando y quién vendiendo, y se me hacía bastante adictivo. Después, durante tres días seguidos publicó el mismo proyecto con “señales de entrada de fondos”, y yo me di de baja en silencio. No es que estuviera equivocado, pero esa sensación sutil de “un observador que de pronto se convierte en vendedor” es parecida a la forma en que aparece un robot MEV de la nada en el mempool: sabes que está trabajando, pero no quieres acercarte demasiado.
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