Puse el grupo en silencio; se hizo tranquilo durante unas tres horas, y luego, por mala costumbre, lo volví a abrir. Tsk, como era de esperarse, otra vez con la discusión sobre si las privacy coins y los mezcladores realmente son, o no, un “canal de dinero sucio”. Por un lado dicen que la conformidad es un callejón sin salida, y por otro que el anonimato es una necesidad; al final ni siquiera llegan a una conclusión, pero a mí me deja la cabeza hecha un lío.



Mientras estaba en silencio, revisé los pools del agregador de rendimiento: el APY lo anunciaban tan “bonito” que parecía que te lo daban gratis, 28%, 35%. Pero al entrar y mirar la dirección del contrato, se siente como si detrás hubiera algo escondido. Dicho claro: esos agregadores de alto rendimiento, ¿quiénes son las contrapartes?, ¿qué protocolos corren por debajo?, ¿y si una liquidación en cadena se cae, quién cubre el bache? Nadie lo explica bien. Así que yo no me atrevo a lanzarme a ciegas; prefiero ganar menos y que, algún día, al despertar, no me encuentre con que le han vaciado el contrato.

Durante el rato que el grupo estuvo en silencio, en cambio, sí pude calmarme para mirar datos on-chain: la profundidad del libro de órdenes, el plan de desbloqueos… todo es frío pero honesto. La emoción del grupo es demasiado fácil de usar para marcar el ritmo: con tomarte un trago ya te pueden convencer y meterte. De momento, así está bien: sigo en silencio. Ojos cerrados, corazón tranquilo.
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