Recientemente me he vuelto un poco adicto a las opciones. El comprador y el vendedor, uno espera a que sople el viento, el otro cobra la renta. Seamos honestos: el valor temporal, es como la arena en un reloj de arena; el comprador apuesta a que antes de que se termine la arena, antes de que el viento llegue, y el vendedor apuesta a que el viento ni siquiera llegará. No sé quién está más cansado, pero cada vez que veo al comprador aguantando en un cierre extremo, me recuerda a mí antes, cuando me resistía a mantener posiciones a muerte. Al final, lo que el mercado refleja no es más que esa pequeña dosis de codicia y de miedo en la naturaleza humana.



Recientemente, los monederos de hardware se quedaron sin stock. En el grupo de amigos veo a varias personas pidiéndolos, diciendo que les da miedo que un enlace de phishing les robe la clave privada. Parece que por fin ha subido la conciencia de seguridad de todos; qué bien. Pero aun así creo que cuidar la mano es más difícil que cuidar el monedero: cuando uno se emociona y hace la orden, ¿quién se acuerda de si es “seguro” o “no”?

Olvidémoslo. En simple: no conviertas la posición en tu orgullo. Ganar o perder es lo normal; conservar el capital es lo que te da derecho a ver la siguiente función.
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