El café se enfrió en la tercera taza, y me duele el cuello de tanto mirar el libro de órdenes. Acabo de ver una gran operación que quedó atrapada entre dos “sándwich” de forma apretada; no sé si ese hermano, al ver el precio de ejecución, sintió como si le cobraran dos peajes. Dicen que el arbitraje es “recoger dinero”, pero primero hay que distinguir quién es el trigo y quién es la hoz: cuando tú te lanzas al diferencial de precios, los robots ya tienen la fila preparada esperando para cobrarte la “protección”. Últimamente los de Layer2 están todo el día compitiendo con el TPS y repartiendo subsidios, armando más ruido que un mercado de barrio; pero prueba a enviar una operación de cruce de cadenas. El slippage te lo deja a tope, y si se retira la liquidez, se queda en una simple sombra. En pocas palabras, da igual qué narrativa de “ecosistema” sea: primero mira si la salida está despejada, no vayas a quedarte esperando a que suba y luego descubrir que corres más lento que los demás. Total, cada vez me da más miedo: si puedo colgar una orden con precio límite con antelación, no persigo la subida. Prefiero ganar menos antes que convertirme en el que paga comisiones y entregarlas como si fueran un peaje. Por ahora, así.

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