¡Una frase de un amigo, el más desgraciado de Yanjiǎo!


En 2017 compró un piso en Seúl “Sweet City”, de más de 100 m². El precio entonces llegó a ser asombroso: 42.000 por m². Pagó la entrada, se cargó con una hipoteca y empezó una vida de ida y vuelta entre dos lugares. En ese momento trabajaba en Internet y ganaba 30.000 al mes; la cuota hipotecaria no se notaba demasiado. Después de la pandemia, su empresa también hizo grandes recortes y le tocó a él. Al perder los ingresos altos, no le quedó más remedio que morderse el orgullo y echar sus ahorros para pagar la hipoteca.

En ese entonces todavía fantaseaba con que subirían los precios; no imaginó que sería lo contrario: cuanto más caía, peor. Tras varias veces de listar el inmueble y pedir precio, los compradores iban rompiendo una y otra vez su línea mental. Ahora ha vaciado sus ahorros y llegó el momento en que sí o sí tiene que vender el piso. Cuando escuchó la oferta, se quedó con la mirada fija y no daba crédito; tampoco podía imaginar el número: 670.000.

De más de 40.000 a ahora un precio promedio de más de 6.000, pierde de forma total y absoluta: pierde la entrada, la reforma y sus ahorros, y además tiene 6.700.000 en capital e intereses que devolver. ¿Qué debería hacer?
Una deuda tan pesada lo dejó aturdido, y la vida perdió su atributo esencial: ¡la casa se convirtió en la mayor carga! $BNB
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