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Apple presenta una demanda airada contra OpenAI: 400 empleados fueron reclutados y 41 páginas de la denuncia traen todo el material
Autor: bootly, BitpushNews
¡Llegó el “gran bombazo del año” de la comunidad de la IA!
El 10 de julio por la tarde, hora local, Apple presentó una demanda ante un tribunal para demandar a OpenAI, acusando a este gigante de la IA de “robo sistemático de secretos comerciales”.
La denuncia de 41 páginas es de un tono nada diplomático: Apple incluso utilizó una metáfora extremadamente letal al decir que el negocio de hardware de OpenAI “se pudrió hasta la médula (rotten to its core)”.
Además, Apple advirtió que los detalles de las acusaciones divulgados hasta ahora solo son la punta del iceberg, y que a medida que avance la investigación saldrán más “bombas”.
Para entenderlo: hace apenas dos años, estas dos empresas todavía eran “aliadas” cercanas. Apple integró ChatGPT en el iPhone, y OpenAI obtuvo la mayor puerta de entrada de hardware del mundo. Nadie imaginó que esa relación de “doble ganancia”, antes vista como un binomio exitoso, terminaría rompiéndose de una forma tan poco elegante.
Tormenta central: ¿dos ingenieros chinos de origen? ¿Se llevaron a más de 400 empleados de Apple? ¡Detalles impactantes!
El protagonista visible de esta demanda son las dos empresas, Apple y OpenAI; pero quienes realmente están en el centro de la tormenta son dos nombres: Tang Yew Tan (陈棠育) y Chang Liu (刘畅).
La trayectoria de Tang Yew Tan (陈棠育) es, por decirlo de alguna manera, el “tope del nivel de un alumno brillante”. Nació en Malasia. Tras completar la secundaria en la La Salle Klang (巴生拉萨中学), se fue a Singapur a cursar A Levels y después ingresó en el Imperial College London para estudiar Ingeniería Mecánica. Más tarde, también obtuvo una maestría en Ingeniería Mecánica en el MIT (Massachusetts Institute of Technology).
En marzo de 1999, Tan se unió a Apple, iniciando una carrera de 25 años. Desde el iPod de primera generación, hasta Apple AirPort y luego el iPhone, prácticamente participó en el diseño de hardware de todos los productos clave de Apple.
Antes de dejar la empresa, su cargo era vicepresidente de diseño de productos de iPhone y Apple Watch, además de voz (“声学”), materiales e interconexión/“conectividad” (“互联 design”). Tiene registrados más de 20 patentes de Apple, desde “carcasa de acero inoxidable de mecanizado en frío y bordes al ras” hasta “aberturas a prueba de humedad y bandeja de SIM con resistencia a líquidos”: todo son tecnologías de hardware de muchísimo valor.
Pero, dentro de Apple, la reputación de Tan era bastante compleja.
Según filtraciones de Bloomberg, un excompañero lo describió como “flies very close to the sun”, lo que significa que actuaba con valentía, que a menudo “rompía las reglas”; en el contexto actual de esta demanda, esa frase resulta especialmente reveladora.
En 2021 quedó vacante el puesto de vicepresidente sénior de ingeniería de hardware; Tan fue uno de los candidatos.
Pero Apple finalmente eligió a John Ternus, el mismo que este septiembre asumirá como CEO de Apple en sustitución de Cook.
Según gente interna, la relación de Tan con Ternus siempre fue tensa, y en el equipo de diseño de hardware incluso había parte de las personas que tomaban partido por Tan. Esta derrota en la lucha de poder sembró el terreno para la salida de Tan.
En diciembre de 2023 se anunció al exterior la noticia de que Tan se iría; oficialmente se marchó en febrero de 2024. Después de dejar Apple, él se asoció con dos figuras legendarias que también provenían de Apple—Jony Ive, ex director de diseño, y Evans Hankey, ex vicepresidente de diseño industrial—para crear una empresa de hardware de IA llamada io.
En mayo de 2025, OpenAI invirtió 6.500 millones de dólares para adquirir io. Todos los empleados de io pasaron a ser empleados de OpenAI. Tan asumió de forma natural como Chief Hardware Officer (Jefe de Hardware) de OpenAI, convirtiéndose en la principal figura que, a los ojos de Apple, es “el traidor”.
Si Tan es el “cerebro” de este pleito, Chang Liu es quien deja el mayor número de “pruebas irrefutables”.
La manera de actuar de este ex ingeniero sénior de sistemas eléctricos de Apple puede describirse como bastante “confusa”.
La demanda afirma que, cuando dejó la empresa en enero de 2026, se llevó un MacBook que la empresa le había asignado y no lo devolvió.
Lo peor es que descubrió que sus permisos de acceso al sistema aún seguían activos. Entonces le envió un mensaje a un excompañero y también ingeniero que aún trabajaba en Apple: Yu-Ting “Alyssa” Peng:
“Jajaja (LOL), descubrí que todavía puedo acceder a [almacenamiento de red], qué risa.”
Se dice que la otra persona respondió: “Estoy listo”. Después, Liu aprovechó esa brecha de autenticación para descargar decenas de documentos confidenciales de Apple, incluyendo información detallada de productos no anunciados, presentaciones de demostración de ingeniería, especificaciones técnicas y datos de fabricación.
Peng también se cambió a OpenAI. Aunque no fue incluida como demandada, en su computadora de trabajo en Apple quedaron muchas “pruebas sospechosas” vinculadas a Liu. Apple además descubrió que, dentro de unas horas después de que Liu se fuera, le envió un mensaje de texto a Peng diciendo: “Tengo otra computadora más”, es decir, que planeaba usar ese otro equipo para seguir accediendo a secretos confidenciales de Apple.
Pero el proceso de entrevista de Tan para contratar en OpenAI enfureció aún más a Apple.
Según la demanda, cuando entrevistaba a empleados que todavía trabajaban en Apple, Tan mencionaba directamente los códigos de proyectos confidenciales internos de Apple; códigos que solo conocen los propios miembros de Apple.
También animaba a los candidatos a “investigar” materiales confidenciales de Apple antes de la entrevista, e incluso les pedía que llevaran piezas reales de Apple, archivos CAD y prototipos para “mostrarlos” en persona. Un candidato quedó completamente desconcertado por este requerimiento y dijo: “No sabía que podía sacar piezas de la oficina”.
Bloomberg afirma que Tan preparó una lista detallada y una guía para los empleados de Apple que planeaban saltar a OpenAI, enseñándoles paso a paso cómo llevarse información y cómo evitar los controles de seguridad de salida de Apple.
Apple divulgó en la demanda una cifra impactante: actualmente, más de 400 ex empleados de Apple ya trabajan en OpenAI.
Desde diseño industrial, chips, acústica hasta gestión de la cadena de suministro, OpenAI prácticamente “copió en bloque” el equipo central de hardware de Apple.
Apple advierte que esas 400 personas manejan gran cantidad de información propietaria que debe mantenerse en secreto, y que OpenAI está “utilizando esa información confidencial” para construir su propio negocio de hardware.
Además de personas, la tecnología en sí también es foco de disputa. Apple acusa a la empresa io (hoy el departamento de hardware de OpenAI) de, mediante el engaño a socios de Apple, hacer que estos creyeran que ya tenían la autorización de Apple, y de usar ilegalmente la tecnología propietaria de Apple de acabado de metales (metal-finishing) aplicada al diseño industrial. Incluso al comunicarse con proveedores, OpenAI usó directamente los “términos internos” de Apple para plantear preguntas específicas: solo los insiders de Apple sabrían qué preguntar.
¿Por qué Apple actúa ahora?
La respuesta es directa: OpenAI quiere hacer su propio hardware, y su objetivo es desafiar al iPhone.
La adquisición de la empresa io de Jony Ive es solo el primer paso. Según The Wall Street Journal, el primer producto de hardware de OpenAI—un teclado de IA—se publicará este mes, y la empresa también prepara con intensidad una IPO.
Apple eligió este momento para demandar, y no es casualidad.
The Wall Street Journal analizó que Apple busca frenar el ritmo de su competidor mediante el pleito.
El analista de Bloomberg Intelligence también considera que, aunque el resultado final del juicio sea incierto, el efecto ya puede lograrse en la práctica: reducir la capacidad de OpenAI para “captar” la plantilla de Apple, e introducir incertidumbre en su camino hacia el desarrollo de hardware y hacia la IPO. Bloomberg estima que Apple puede obtener medidas cautelares específicas al inicio, obligando a OpenAI a preservar evidencia, mientras que una decisión completa del tribunal podría tardar años.
Lo más llamativo es que, en la demanda, Apple menciona que ya en febrero de este año se había acercado proactivamente a OpenAI para plantear preguntas, pero OpenAI nunca respondió. Apple sostiene que “no tenía otra opción” y que “solo podía recurrir a la ley”.
Esta estrategia se parece mucho a otra ya conocida. En 2010, Jobs lanzó la famosa “guerra de chips térmicos” contra los fabricantes de Android: la frase “aunque se gastara todo el dinero de Apple, había que destruir Android” sigue siendo muy comentada. Ese pleito duró ocho años. Hoy, parece que la historia se repite, solo que el rival pasó de ser Google a ser OpenAI.
Musk mirando el espectáculo
Este pleito tiene también un espectador con bastante interés: Elon Musk.
El día de la demanda, Musk publicó en X burlándose del CEO de OpenAI, Altman. Sus rencillas atraviesan la historia del desarrollo de la IA: Musk es uno de los cofundadores de OpenAI y en los inicios donó aproximadamente 38 millones de dólares. Más tarde se rompió su relación con Altman y, a partir de 2024, demandó a OpenAI por apartarse del propósito original de una organización sin fines de lucro.
Finalmente, en mayo de este año, un jurado federal rechazó las pretensiones de Musk, con una justificación tajante: “Llegaste demasiado tarde”. El jurado deliberó menos de dos horas para emitir el fallo. El abogado de OpenAI dijo fuera de audiencia, con franqueza: “Este veredicto demuestra que la demanda no fue más que un intento hipócrita de debilitar al competidor”.
Ahora, Apple le “devolvió el favor” a Musk, así que es lógico que no desaproveche mirar el espectáculo.
El tablero más grande: Google se convierte en “el pescador”
El mayor beneficiario de este pleito, quizá sea Google.
La cooperación entre Apple y OpenAI, en realidad, ya no era más que de nombre.
En junio de 2024, las dos compañías anunciaron con bombo y platillo una colaboración para integrar ChatGPT en el ecosistema de Apple. Pero, según informó Bloomberg en mayo de este año, OpenAI no estaba nada satisfecho con los resultados de la colaboración: el rango de uso de la tecnología de OpenAI dentro del sistema de Apple era muy inferior a lo esperado.
Con el contraste a favor de Google, este empezó a ocupar el espacio en silencio. En enero, Apple anunció que los próximos Apple Foundation Models se basarían en el modelo Gemini y la tecnología en la nube de Google. Y en el WWDC de junio, Apple mostró Siri versión IA, cuyo soporte tecnológico venía precisamente de Gemini.
Esta colaboración no fue algo improvisado. No hay que olvidar que Google paga aproximadamente 20.000 millones de dólares al año a Apple para convertirse en el motor de búsqueda predeterminado de Safari. Es una de las alianzas comerciales más duraderas en la historia de la tecnología, que abarca casi dos décadas. Ahora, con la ruptura entre Apple y OpenAI, es probable que Apple profundice aún más el “empaquetado” con la IA de Google.
Dicho de otra forma: terminó la colaboración entre Apple y OpenAI. El resentimiento entre ambos cae justo donde Google quería.
Esto crea un panorama competitivo muy sutil: Apple y Google han sido enemigos durante más de una década, compitiendo de forma feroz en sistemas operativos móviles y motores de búsqueda; pero en la línea de hardware de IA, ante el ambicioso “intruso” OpenAI, las dos gigantes en realidad se alinean del mismo lado.
Esto también explica por qué Apple se atreve a demandar de manera decisiva: no es que no tenga salida. Google es su “Plan B”. Cortar la cooperación con OpenAI tiene un costo, pero si con ello puede frenar el avance del rival en hardware, y al mismo tiempo acelerar la integración de la IA con Google, Apple puede convertir la crisis en una oportunidad para reacomodar su estrategia.
¿El juicio puede detener al rival, pero mantener el trono?
Pero, al final, confiar en los pleitos no basta para gobernarlo todo.
La “guerra nuclear” de ocho años de Jobs contra Android no lo mató; al contrario, Android se convirtió en el sistema operativo móvil más grande del mundo. Lo que realmente ha mantenido a Apple en la cima es la innovación continua del propio iPhone, no una victoria en los tribunales.
Hoy, Apple está claramente rezagada en el ámbito de la IA. Apple Intelligence ha sido criticada por “no estar a la altura”. En mayo de este año, Apple apenas aceptó pagar 250 millones de dólares para llegar a un acuerdo colectivo de una demanda sobre publicidad falsa de funciones de IA. La ambición de hardware de OpenAI sí es una amenaza: la genialidad de diseño de Jony Ive, sumada a capacidades top de IA, en teoría sí podría crear un dispositivo nuevo y disruptivo. Pero si Apple quiere defender su terreno, al final tiene que hablar con sus propios productos.
El juicio puede frenar al rival, pero no puede reemplazar la evolución propia. Cook está a punto de dejar el cargo, y Ternus le seguirá. La próxima década de Apple no dependerá de cuánto pueda mantener al competidor ocupado con una demanda, sino de qué respuestas ofrezca la próxima generación de productos.
Al fin y al cabo, la historia tecnológica nunca la escribe un abogado. Solo que, en Silicon Valley, las alianzas y los reacomodos siempre forman parte del relato: hoy tus enemigos acérrimos, mañana podrían ser tus compañeros; hoy tus aliados leales, y darles la espalda puede pasar en una sola noche.