Cada salto en la vida, en esencia, es una reordenación. Cuando cambian tu objetivo, tu forma de comprender y tu posición, las personas que ya no encajan en tu camino naturalmente se apartan. No es un castigo del cielo para nadie, ni es una traición de alguien; es que las antiguas relaciones no pueden sostener una nueva etapa. Lo verdaderamente importante no es perder a quién, sino, después de los cambios, si tú te conviertes en alguien capaz de asumir la siguiente fase.

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