¿Alguna vez has pasado por esto: después de tener un conflicto con alguien, o de decir una frase hiriente, te acelera el corazón, te tiemblan las manos y luego te arrepientes una y otra vez? Mucha gente cree que eso es debilidad, pero en realidad es tu cuerpo procesando un conflicto emocional de alta intensidad. El mayor malentendido de las personas es confundir la sensibilidad del cuerpo con una falla de carácter. Hay quienes se enfrentan a los conflictos sin mostrar ninguna reacción, mientras que otros generan respuestas intensas; la diferencia no necesariamente es la fortaleza o la debilidad, sino la forma en que el sistema nervioso percibe el mundo. La verdadera madurez no consiste en apagar lo que sientes, sino en poder verlo, entenderlo y gestionarlo. La sensibilidad no es el problema; lo que sí es un problema es no poder gestionarla.

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