El mayor activo en la vida no es el dinero, sino uno mismo. Para que la riqueza y la carrera de una persona sigan creciendo, primero hay que invertir en uno mismo, de modo que las capacidades, la mentalidad y el valor sigan aumentando. Cuando eres joven, te apoyas en el esfuerzo para acumular habilidades; después, en la mediana edad, la altura la determina la elección: elegir la industria, la plataforma y la dirección que te convengan. Al mismo tiempo, hay que encontrar un campo que merezca dedicación a largo plazo, como perforar un pozo de mil metros de profundidad: invertir el tiempo en las propias capacidades profesionales. El verdadero interés compuesto a largo plazo no consiste en perseguir oportunidades de corto plazo, sino en convertirte en un activo profesional insustituible.

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