Muchos han oído la historia de Federer. En su carrera profesional, la cantidad total de puntos que ganó en realidad fue de apenas un 54%, pero aun así logró ganar más del 80% de sus partidos y se llevó 20 Grand Slams. Detrás de esto se revela una regla contraintuitiva: los verdaderos expertos no son los que fallan menos que la gente común, sino los que, después de fallar, todavía conservan la capacidad de seguir compitiendo. Mucha gente, al sufrir una derrota una vez, empieza a dudar de la dirección, a negarse a sí misma e incluso a optar por reiniciar; pero quienes tienen éxito a largo plazo simplemente ven el fracaso como un nodo normal dentro de un proceso largo. Federer no ganaba cada punto, sino que, tras perder innumerables puntos, seguía pudiendo volver a la cancha y jugar el siguiente. La vida también es así: el fracaso al emprender, las pérdidas en inversiones y las oportunidades que se escaparon son solo un punto más en el gran partido de la vida y no pueden determinar el resultado final. Lo que realmente marca la diferencia entre personas no es estar siempre en lo correcto, sino, después de cometer errores una y otra vez y perder, seguir actuando, acumular de forma constante y, al final, ganar todo el partido.

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