La educación familiar real no consiste en tomar decisiones por los hijos, sino en entrenar su capacidad de criterio. Lo que los padres deben hacer no es decirle qué está bien o mal, sino ayudarle a ver claramente los beneficios, los costos y las consecuencias de cada elección. Cuando el niño piensa con claridad y está dispuesto a asumir las consecuencias, se respeta su decisión. La infancia es la etapa en la que el costo de equivocarse es más bajo: mediante una serie de pequeños asuntos, se entrena al niño para que forme el hábito de decidir con “analizar el valor, evaluar el riesgo y asumir las consecuencias”. De lo contrario, cuando crece y se enfrenta a elecciones en la vida, es fácil perderse y depender de otros.

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