La estética de una persona, en esencia, es la expresión externa de un orden interno. La forma en que eliges la ropa, organizas el espacio y te expresas revela lo que entiendes sobre ti mismo. Mucha confusión en la vida de las personas no proviene de tener demasiado, sino de carecer de selección: quieren tenerlo todo, persiguen todo, y al final pierden sus propios límites. La verdadera estética no consiste en seguir las tendencias, sino en saber qué te queda bien y tener la capacidad de rechazar lo que no te conviene. Cuando una persona se conoce cada vez más, su vida se vuelve más simple, ordenada y estable. La mejora en la estética, en realidad, es un proceso de autoordenación: la manera en que tratas el mundo exterior también refleja cómo tratas tu propia existencia.

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