Dos amigos de la infancia, a los 25 años, tomaron decisiones completamente opuestas.



Uno, apenas recibía su salario, lo guardaba casi todo en el banco, rechazaba cualquier gasto innecesario, solo dejaba lo esencial para vivir. Cuando colegas o amigos lo invitaban a viajar o salir, nunca iba, decía que el dinero debía guardarse para disfrutarlo más adelante.

El otro, al cobrar, primero gastaba la mitad en viajes: hostales, trenes en clase turista, puestos callejeros. Había visitado más de veinte países, sus ahorros eran casi siempre cero. Solo quería vivir el presente y disfrutar el ahora, pensaba que la vida es corta.

Algunos dicen que tiene que ver con sus personalidades.

Pero quince años después, cuando se reencontraron a los 40.

El que ahorró finalmente juntó suficiente dinero y cumplió la promesa que había hecho tiempo atrás de viajar por el mundo con toda la familia, y casi había alcanzado la libertad financiera.

Pero el problema fue que cuando llegó a su primer destino, al subir a media montaña ya se quedaba sin aliento y no podía seguir caminando, no se sentía bien todo el tiempo. Al regresar, el médico le dijo que su hernia de disco lumbar había empeorado, le recomendó no caminar largas distancias y evitar cargar peso.

El amigo que solía gastarse todo el sueldo en viajes, al contar historias sobre los amigos que conoció en los hostales, los distintos amigos que hizo en el extranjero, tanto hombres como mujeres, el mar a las tres de la madrugada, las veinte horas en tren de clase turista, tenía los ojos llenos de luz. Cada vez que hablaba de las experiencias en distintos países, se emocionaba muchísimo.

Aunque todavía no tenía muchos ahorros.

El que ahorró, después de unas copas, dijo una frase:

“Usé quince años para ahorrar todo el dinero que podría gastar. Pero cuando finalmente lo tuve, el cuerpo y las piernas de cuando tenía 30 años ya no se pueden comprar.”

Lo que el hermano Gato quiere preguntarles es:

Si supieras que después de los 40 no podrás subir esa montaña, o que cuando llegues al lugar que siempre soñaste, te darás cuenta de que ya no tienes la energía para disfrutarlo. ¿Elegirías ahorrar como loco a los 20?

Algunos dicen: no se puede generalizar. Si eres joven y no administras tu dinero, cuando envejezcas la pasarás peor. El dinero es la verdadera seguridad.

Otros dicen: el cuerpo es el 1, el dinero son los ceros después. Sin cuerpo, por muchos ahorros que tengas, solo son números en un papel.

¿Eres del tipo que gasta cuando toca gastar, y ya veremos después, o del tipo que primero sufre y luego disfruta, ahorrando bien? Si eres joven, después de leer esta historia, ¿cambiarías tu elección? ¿O es que viajar no te interesa en absoluto?
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