Lo que realmente importa en las relaciones interpersonales nunca es "quién es más fuerte o quién es más débil", sino si los límites son claros y estables. Mucho de lo que se llama "ser utilizado" no es esencialmente porque la otra persona sea astuta, sino porque uno mismo no establece límites cuando debería y retrasa constantemente el momento de detener las pérdidas, lo que provoca un desequilibrio gradual en la relación. La naturaleza humana ciertamente calcula en términos de recursos y seguridad, pero este comportamiento no se divide por género, sino que es un mecanismo universal. La verdadera habilidad clave no es volverse más frío y duro, sino construir un sistema de límites internos que no dependa de las emociones ni sea definido por los demás, permitiendo que las relaciones funcionen dentro de reglas predecibles.

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