¿Por qué muchas personas, después de escuchar muchas verdades, aún no pueden cambiar? Porque el cambio nunca es un problema de cognición, sino de expectativas. La frustración prolongada, la falta de control y la ausencia de retroalimentación positiva hacen que el cerebro forme la expectativa de que "esforzarse tampoco sirve". Una vez que la acción y la recompensa se desconectan durante mucho tiempo, el cerebro reduce activamente la disposición a actuar, considerando la reducción del consumo y evitar más frustraciones como una forma de autoprotección. Por lo tanto, el problema de muchas personas no es que no sepan qué hacer, sino que ya no creen que hacer algo traerá resultados.

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