La imaginación en sí misma no se usa solo para "fantasear lo mejor", es más como una caja de herramientas, que puede amplificar el miedo, generar esperanza y también hacer simulaciones de la realidad. El problema de muchas personas es que la dejan deslizarse automáticamente hacia el peor extremo, convirtiendo lo que aún no ha sucedido en presión por adelantado. Pero en realidad podemos usarla al revés: llevar la imaginación hacia la mejor posibilidad, usarla para darnos motivación, y al mismo tiempo verificar esa posibilidad con acciones, en lugar de quedarnos atrapados en un ciclo emocional dentro de la mente.

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