“Dicen que la Generación Z no sale.”


“Dicen que la Generación Z no tiene citas.”
“Dicen que la Generación Z no está comprando casas.”
“Dicen que la Generación Z no está formando familias.”
“Dicen que la Generación Z no parece feliz.”
Quizás sea porque crecieron en un mundo que seguía moviendo la línea de meta.
• Terminaron la escuela justo cuando una pandemia global cerró todo.
• Comenzaron sus carreras justo cuando la IA empezó a reconfigurar industrias enteras.
• Intentaron comprar su primera casa con tasas hipotecarias rondando el 7%.
• Vieron cómo los conflictos geopolíticos dominaban los titulares antes de cumplir 26 años.
• Vieron desaparecer casi una cuarta parte de su salario antes de poder ahorrar de verdad.
• Los pagos de préstamos estudiantiles se reanudaron mientras el alquiler subía otro 40%.
• Les dijeron que “trabajaran más duro e hicieran contactos” cuando las oportunidades cara a cara apenas existían.
• Crecieron con algoritmos diseñados para comparar sus vidas con las de los demás.
• Vieron cómo los más ricos ganaban miles de millones mientras muchos jóvenes trabajadores luchaban por mantener el empleo.
• Heredaron un costo de vida creciente, una deuda creciente y un futuro lleno de incertidumbre.
Les vendieron el sueño.
En cambio, recibieron la factura.
Pero claro…
Echemos la culpa a la tostada de aguacate.
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