La relación de una persona con sus padres a menudo puede reflejar la estructura emocional real de una familia. Muchos padres no dejan de amar a sus hijos, sino que confunden los límites entre el amor, el control, la ansiedad y la autojustificación. Pueden desear sinceramente que sus hijos tengan una vida mejor, pero debido a las limitaciones de su propio conocimiento, emociones y experiencias de crecimiento, causan daños a largo plazo a sus hijos. Para juzgar si una familia es saludable, no basta con ver cuánto han dado los padres, sino si los hijos realmente se sienten respetados, comprendidos y aceptados. El amor por sí mismo no puede cancelar automáticamente el daño; reconocer el daño y asumir la responsabilidad es el comienzo de una relación madura.

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