La estabilidad emocional es, en esencia, una capacidad cognitiva. Las personas verdaderamente inteligentes no gastan emociones de alto valor en personas o cosas de bajo valor, ni se demuestran a sí mismas en discusiones de baja calidad. Gestionan sus emociones como si fueran inversiones: primero juzgan si vale la pena, y luego deciden si responder. La verdadera estabilidad no es reprimir las emociones, sino tener un juicio de valor claro.

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