La suerte no es una "energía que se atrae", sino un cambio en la estructura probabilística del sistema en el que te encuentras. Cuando amplías constantemente tu rango de experimentación y entras en más escenarios diferentes, en realidad estás ampliando el espacio muestral; cuando te conectas activamente con diferentes personas y mantienes un flujo de vínculos débiles, estás mejorando la eficiencia de la propagación de información; cuando rompes el ritmo de vida fijo y perturbas tu propio comportamiento, estás haciendo que caminos antes cerrados vuelvan a ser accesibles. El llamado "buena suerte" no es la respuesta de un campo magnético misterioso, sino el resultado estadísticamente inevitable de encontrar eventos de alto valor en una estructura más grande, más abierta y de mayor frecuencia. No estás esperando la suerte, sino cambiando la estructura del sistema en el que entras en contacto con ella.

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