Las relaciones más inestables se mantienen con miedo. Parecen muy unidas, pero en realidad el control se contrae. Una relación verdaderamente estable no teme perder, sino que: teniendo opciones, aún elige. La distancia hace que uno piense con claridad, pero la evolución de la relación no viene de irse, sino de algo más difícil: después de ver con claridad, si aún se está dispuesto a acercarse de nuevo. El problema de muchas relaciones no es que no duelan lo suficiente, sino que solo el "dolor" las impulsa.

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